Cuadro de texto: Carta publicada en ABC el 2 de septiembre de 2007


¿Qué dice un genio cuando, recién liberado del manicomio, llega a un pueblecito francés cuyo paisaje le cautiva? Dice simplemente esto: “Me apetece mucho, muchísimo, dar aquí algún brochazo”. Vincent van Gogh escribe a su hermano Theo casi a diario en los dos meses que pasa en Auvers antes de suicidarse. Son cartas sencillas, sin rastro de grandilocuencia o afectación. Algunos de sus últimos cuadros están expuestos en el Museo Thyssen de Madrid, sólo por dos semanas más. Y lo mejor que pueden hacer en este instante es dejar de leer esta columna e ir a verlos. 
En aquellos días Van Gogh pinta con impaciencia, al principio en su habitación, luego a la intemperie. Mira al campo, lo atrapa, mira al cielo, tritura la tela bajo la  pincelada excesiva. Pinta un lienzo tras otro, con la urgencia de quien se siente perseguido por la tristeza y sabe que cuando le alcance será la última vez. “Estos días trabajo mucho y deprisa, trato de expresar el paso desesperadamente rápido de las cosas en la vida moderna”, escribe para explicar su apremio. 

Traza los campos de amapolas arrebatados, los trigales agitados, la zozobra de un cielo inacabado. Colores vivos que no espantan el aire de tragedia. El paisaje ejerce sobre él un efecto reconstituyente, lo mantiene vivo setenta días. Pero finalmente se rinde. En la carta que llevaba en el bolsillo el día de su muerte se lee: “En cuanto a mi trabajo, en él me juego la vida y mi razón casi ha naufragado en el empeño”. Se dispara en el pecho. 

¿Qué le dice un genio a su hermano cuando éste trata de consolarlo en su día y medio de agonía? Le dice simplemente esto: “La tristeza durará siempre”. 

Irene Lozano

INFO-ARTE, REVISTA DIGITAL DE ARTE

Hay una carta urgente

de Van Gogh

Irene Lozano

Cuadro de texto: ISSN: 1988-2750  AÑO II - Nº 6, OTOÑO DE 2008